Salió “Il Romano” y perdió Boca (VIDEO)

Copa Argentina

Publicado el: 14 de agosto de 2019  -  12:58h
Escrito por Javier Espinosa
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De Rossi fue el alma Xeneize en su debut: un gol, ubicación, jerarquía y una amarilla bien ganada. Ovacionado cuando lo reemplazaron, vio desde afuera el 1-1 y los penales.

ino a “cumplir un sueño”. Porque es bostero, no desde la cuna -aunque parezca, pero sí desde que vio a un tal Maradona y a la Bombonera. A la distancia se tatuó la azul y oro en el corazón. Y con toda esa pasión llegó a Buenos Aires. Vio un partido en el templo, conoció a Diego y debutó, por fin, en Boca. Pero eso no es todo. No, Romano. A 27 minutos de tener su primera vez, la clavó de cabeza para el 1-0 sobre Almagro por los 16avos de la Copa Argentina. Un sueño que fue la realidad perfecta (hasta ese momento).

El primer ícono de Boca fue un pizzero. Italia desde el vamos. La nueva cara del actual Boca también tiene sangre del país europeo, aunque con raíces en Roma. Y esta vez todos los caminos no conducían a la capital italiana, sino al revés: el GPS de Daniele lo destinó a La Boca, donde lo recibieron a pura fiesta.

De todo eso se alimentó De Rossi. De sus ganas, del mundo Boca, de Maradona. Por eso salió con todo al Unico de La Plata. Se agachó cual Vargas y su festejo de rana. Movió la cabeza para todos lados, se soñó las vértebras. Miró por primera vez a la cabecera de La 12. Arengó dos veces a Capaldo. Sí, dos veces a su ladero en media cancha. Se golpeó el pecho. Todo eso antes de empezar. Y al minuto de juego ya fue a recuperar la primera pelota. No se guardó nada. ¿Administrar? Tampoco. A los 4’ fue al piso generando la primera ovación de juego (hubo en la entrada en calor).

De Rossi fue el alma de Boca. Alfaro lo puso donde mejor se siente: entre los centrales, siendo la primera salida. Así tocó de una con la cancha de frente, demostrando con la clase que vino. Y los hinchas lo aplaudieron hasta cuando dio un pase mal. Así lo quieren también.

Todo esto y sin hablar del gol. Cortó y recuperó en la jugada que derivó en el corner. Mac Allister, cada vez mejor, mandó el centro y De Rossi, sin saltar, apenas sacándose una marca de encima, la mandó a guardar. Abrió los ojos celestes a más no poder. La barba decoró la sonrisa de un guerrero. Levantó las manos y miró la cabecera. Porque justo el gol fue ante la popular, su nuevo pueblo. “Olé, olé, olé, tanooooo, tanoooo”, gritaron. Aunque no le gustaba tanto ese apodo, ahora lo debe amar.

Pensar que sus goles no lo llevaron a ser referente de Roma, de la selección de Italia y del mundo del fútbol. Su garra, su ímpetu, sus ganas de ir por todas. Y de eso también hubo ante Almagro. A los 35’ recibió su primera amarilla y se quejó: “Una”, le retrucó a Trucco.

Estar amonestado no lo hizo aflojar. Al minuto volvió a tirarse al césped híbrido platense y a los 42 se la sacó de atrás, también yendo abajo, a Benítez cuando entraba al área. Impresionante. Y se fue al descanso pidiéndole más a Alonso y Marcos Díaz. También persignándose.

La 16 le quedó pintada porque estaba hecha para él. En el ST reguló, regaló otro par de quites y pases de tres dedos a los volantes. Y se fue ovacionado cuando Alfaro lo reemplazó por Campuzano.

Ahí, desde el banco, vio el error de Junior Alonso (con una salida apresurada de Marcos Díaz) y el empate del Burrito Martínez, Desde ahí, también, observó los penales que terminaron en caída de su flamante equipo. Pero  más allá del golpe, queda lo que dejó De Rossi durante 76 minutos: y fue muy bueno.


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