Reyes por el Príncipe

Copa Libertadores

Publicado el: 13 de marzo de 2020  -  8:40h
Escrito por Martin Velasco
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Gracias al solitario gol de Reniero, Racing le ganó a Alianza Lima y terminó la jornada como líder del Grupo F, con puntaje ideal.

Racing revalidó una vez más su condición de equipo serio, con la bandera de la postura ambiciosa bien alta. En su segunda presentación en la Copa, alcanzó pasajes de buen fútbol y dominó a un adversario pobre, que se preparó para defender. Hubiera sido demasiado premio el empate para Alianza. Y muy poquito para la Academia. Le costó romper el cero porque falló mucho en la definición, otra vez en Zaracho como en Venezuela, y hasta tuvo alguna zozobra sobre el final, como es costumbre como cada vez que se desperdician tantas situaciones de gol. Pero Reniero, en apenas 53 segundos desde su ingreso, ya había puesto las cosas en su lugar.

Pareció un entrenamiento por las tribunas vacías y porque se asemejó, en muchos momentos del partido, a un ensayo de ataque contra defensa. Al ataque, Racing. La defensa, Alianza. No hubo gente en las gradas, aunque estuvo presente esa firmeza del equipo para jugar y recuperar rápido la pelota. Siempre asumiendo la animación del encuentro, con más del 70% de posesión.

La Academia enfrentó a un rival preparado para esperar en su terreno, buscar con pelotas largas a Balboa o Aguiar y usufructuar espacios con un rival descuidado. Racing los concedió, pero poco: recuperaba rápido el balón, como tanto le gusta a su DT. Llegaba por los costados, por el centro, con pases filtrados desde atrás de Nery Domínguez, con remates desde media distancia de Rojas y Fértoli. Hubo ocasiones claras de Zaracho y de Pillud, tapadas por el arquero, la gran figura y responsables de que los peruanos no se fueran goleados de Avellaneda.

Racing encontró en la paciencia a su aliado inmejorable. No baja los brazos cuando llega y no concreta. No resigna la fluidez de la pelota porque hay desmarques que se transforman en opciones de pase. Y los acumula. Puede no ser claro en zona de resolución, pero la decisión con que va mantiene viva la esperanza de que algo puede pasar. De tanto sacudir el árbol, una fruta a veces cae…

Con Zaracho entrando como una tromba por sorpresa, más allá de que debe afinar la puntería. Con Garré y Fértoli como amenazas cuando encaraban, aun con el Maguito no tan punzante como en anteriores partidos. O con la buena circulación que nacía desde Miranda. Y cuando la puerta no se abría pese a la insistencia, apareció Reniero El Príncipe de una victoria que debió ser abultada.

Racing fue por el segundo. Perseveró. Empujó. Apretó en bloque en tres cuartos. No especuló. No sabe hacerlo. Con mejor o peor juego, pero sin renunciar al protagonismo. Anoche ante un pobre rival, sí, pero convencido de una manera. Mereció ganarlo por más diferencia. No pudo por fallas propias en la definición o, en este caso también, por el arquero rival. Hay un equipo comprometido con una filosofía. El mensaje del DT les llegó, evidentemente. La Acadé sigue invicta. Y se acomodó en el grupo pensando en la clasificación. Marcha bien rumbeado en esta Copa.


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